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El zombi y la analogía de los tiempos

(Publicado originalmente en junio 2012 en “El diario de Querétaro»)

Sin lugar a dudas la palabra muerto viviente, zombi o zombie está inserta en el vocabulario corriente. La palabra ha dejado de ser un código propio de los amantes de lo esotérico, de las películas de “Serie B” y de los video juegos survival horror. En la actualidad la imagen del sujeto descarnado convulsionado y de caminar torpe ha invadido con su personalidad noble, siempre dispuesto a ser carne de cañón, literal. El cine, la literatura, los video juegos, los comics y la televisión son su espacio apropiado, y sin lugar a dudas a llegado para quedarse. El zombi es encantador, es un “mil usos”, se adapta a cualquier ambiente, puede estar en las calles, centros comerciales, volver del pasado, aparecer en la guerra civil norte americana y puede volar al espacio. Es esa personalidad despreocupada lo que lo engalana, es un sujeto con un objetivo claro: saciar el hambre. Pero tenemos que aclarar que los zombis no siempre fueron así.

Los orígenes del zombi provienen de Haití, son personas revividas, muertos vivos que ambulan por las calles, controlados por un hechicero practicante de vudú. Sus almas son contraladas por ese personaje siniestro conocido como bokor, sacerdote visto como un “mago negro”. El zombi es una maldición, un conjuro que es conocido por el uso del activo del pez globo llamado tetradoxina, una toxina mortal que se utiliza en los rituales de “zombificación”. El zombi es real. Antropólogos y médicos han estudiado el caso, ya sea para hacer ciencia o reportar el fenómeno como parte de un ritual mucho más complejo.

Este tipo de zombi ha sido referenciado en diferentes películas de la cinematografía clásica de terror y cine fantástico, alejado totalmente del zombi que conocemos ahora. Separado del mundo gore y sanguinario del cine posterior a los años sesentas. En un principio el zombi se muestra como un relato que resalta la analogía del esclavo haitiano y la ocupación de españoles, franceses, ingleses y norteamericanos. Analogía y mito que sobreviviría en los esclavos traídos a América como Nueva Orleans. El zombi es un esclavo y representa el miedo a ser esclavizado, no sólo en cuerpo sino en alma. Es la analogía del sufrimiento del esclavo, la perdida total de todo tipo de cuerpo.  Conclusión a la que llegaba el antropólogo  etnobotánico  Wade Davis en su libro “La serpiente y el arcoíris” (1985) que posteriormente se haría una película basada en la misma obra por el conocido director de horror Wes Craven (Pesadilla en la calle del infierno). El zombi haitiano hace su aparición por primera vez en el cine con la película “White Zombie” (1932), con Haití de escenario y un brujo como uno de los personajes principales. Posteriormente se realizó una secuela que no tuvo el mismo éxito titulada “Revolt of the zombies” (1936). Una película que vale la pena mencionar es “I Walked with a zombie” (1943), un clásico de los años cuarenta que muestra a un zombi como una especie de enfermedad, un maleficio normal en la isla de San Sebastián. Con detalles de la época, mostrando la vida de la comunidad negra en los campos de caña. Durante la década de los cuarenta aparecieron otras películas interesantes de corte similar como “Revenge of the zombies” (1943)  y “Voodoo man” (1944). El cine zombi, durante la década de los cincuentas y los sesentas, hasta la llegada de los zombis de romero, tenía relación directa con las formas de vida de tercer mundo y los mitos que se habían manejado desde el siglo XIX, los no muertos y el uso de la hechicería como medio para manejarlos, el miedo a la perded la voluntad.

El zombi de romero: su analogía con al sociedad moderna

Para los años sesentas todo iba a camíbar, George Romero, un novato director de cine modificaría el mito del zombi. Los tipos con cabezas en formol, doctores locos y brujos con artilugios mágicos desaparecerían de la escena. Una nueva horda de zombis había nacido, y estos vestían de saco, camisa y de pantalón. ¡Los zombis habían llegado a Norteamérica! ¡Y ahora son diez, veinte, cien y hasta miles! Muertos vivientes hambrientos de carne fresca y sin dueño. En una película de blanco y negro, con actores amateurs y con un afroamericano como personaje principal haría estragos en la cinematografía mundial, influyendo a los pequeños productores de todo el mundo en hacer películas de baja calidad con la premisa de la crítica social. Era “La noche de los muertos vivientes” (1968) donde mostraría a  los zombis como seres lentos, de nacimiento incierto, pero su peligro radicaba en la cantidad de ellos. Es la premisa del nuevo zombi, la cual desataría una serie de películas de serie B. De la línea de romero nacerían obras como “El amanecer de los muertos” (1978), “El Día de los muertos” (1985), además de un remake y secuelas como “El regreso de los muertos vivientes” entre otras. El zombi se popularizó y llegó con su segundo aire en los noventas, reviviendo de entre las sombras de cine mondo y de culto para mostrarse en las consolas de jóvenes consumidores de Play Station con la saga de Resident Evil. Pero ¿qué es lo que atrae de estás criaturas? En un primer momento el zombi, como dije en líneas anteriores, es una creatura noble que puede ser destazada, degollada, bañada de balas y él sigue respondiendo. Es el símbolo por excelencia de referencia del cine gore, es un personaje sin vida, deposito cultura de una bandada de cineastas jóvenes con necesidad de llamar la atención, y mejor aún de sangre. El zombi tiene un origen genérico, tanto puede ser un ser de ultratumba como el síntoma de una epidemia mucho mayor. El zombi representa la búsqueda del nuevo mito para las sociedades modernas, nos muestra la fragilidad de la civilización y lo que conlleva. Que la tecnología no le es suficiente y que ésta pude caer en cualquier momento. Cada vez son las porciones del mundo moderno que muestran algo de selva u oscuridad, las luces de las ciudades y zonas urbanas descubren cualquier rincón oscuro donde asustarnos, pero el zombi no necesita de eso, él puede aparecer y desaparecer, morir y volver a morir tantas veces sea necesario. El zombi en estos tiempos es la analogía perfecta de lo frágil del mundo globalizado, del control de los medios y esa crítica a la colectivización inútil en el fin de los tiempos, en las pandemias y los momentos difíciles. Es curioso pero el zombi es la aceptación de los medios masivos, de la existencia de la enajenación de las industrias culturales, representa al humano deshumanizado y sin vida que sólo busca satisfacer sus necesidades primarias. Tal vez es lo que nosotros como sujetos necesitamos, ser un zombi o darle sentido a nuestra vida peleando contra una horda de muertos vivientes.

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