El trío colombiano El Feeling acaba de lanzar 0.4, un disco que expande los límites del folklore latinoamericano hacia territorios cósmicos. Desde Los Ángeles, la banda propone una travesía sonora que combina raíces, tecnología y emoción en once capítulos que suenan tanto a ritual como a viaje espacial.
0.4 es una obra ambiciosa y cuidadosamente construida. Cada canción funciona como una coordenada simbólica entre la Tierra y Marte, uniendo lo ancestral con lo futurista a través de texturas electrónicas, percusiones tradicionales y melodías que parecen flotar en gravedad cero. El resultado es una experiencia inmersiva que desafía etiquetas: no es pop, ni folklore, ni electrónica —es todo eso y más.

El álbum abre con “Pirarucú”, una pieza hipnótica donde gaitas, flauta de millo y sintetizadores dialogan sin jerarquías, estableciendo el tono de un universo en expansión. Le sigue “Cuenta La Cumbia Que…”, que reinterpreta los mitos latinoamericanos con una energía tribal que podría sonar igual de bien en una ceremonia ancestral o en un club alternativo de Berlín.
Entre los momentos más destacados se encuentra “BACATÁ”, una declaración de amor a Bogotá que combina la calidez de la tradición con la estética contemporánea, y “Amor Espacial”, una historia romántica ambientada en Marte que captura la esencia humana incluso en un entorno sideral.
Las colaboraciones amplifican el espíritu colectivo del disco: “SALGA!”, junto a Bella Rabbit, es una explosión de cumbia hip-hop cargada de empoderamiento y ritmo; mientras que “El Ave 0.4”, con Palenke Soultribe, rinde homenaje a las raíces afrocolombianas desde una perspectiva moderna y vibrante.
Visualmente, 0.4 es igual de ambicioso. Su arte conceptual, lleno de constelaciones, triángulos simbólicos y figuras instrumentales flotando en el espacio, refuerza la idea de que El Feeling no solo lanza un álbum: crea un universo completo.Con este proyecto, El Feeling se consolida como una de las propuestas más innovadoras del panorama latino actual. 0.4 no es solo un disco —es una brújula espiritual que apunta hacia el futuro sin soltar las raíces, una invitación a bailar, reflexionar y mirar las estrellas desde la pista de baile.